Cristales de mar, el poder de la transformación.


Cuando me fui a vivir a Barcelona, allá por el 2014, me enamoré del mar.
En Argentina habité más de una ciudad bañada por ríos, pero el olor a sal y mi piel en contacto con el mediterráneo fue otra cosa, fue amor a primera vista.

Caminar la costa en silencio tiene algo muy espiritual, de encuentro con lo más interno, con aquello que nos habita y que normalmente está en segundo plano tapado por el ruido y el movimiento cotidiano.

Por favor, si en algún momento de tu vida puedes hacerlo, descálzate y camina por la arena, hazte ese regalo.
Simplemente camina por ese espacio de playa donde el mar apenas llega a tocar tus pies, deja que te sorprenda y te moje, siente el agua fría, el ir y venir de las olas, el sonido, los reflejos y los juegos de luz.
Allí se detiene el tiempo.
Allí te encuentras contigo.

En aquellos paseos encontré algunas piedritas de colores que llamaron mi atención.
Destacaban del resto, mojadas y traslúcidas brillaban coloridas en la arena.
En un primer momento no sabía de qué se trataba, luego descubrí que eran los llamados cristales de mar.

Concha marina blanca junto a dos cristales de mar, verde y turquesa, sobre la arena de playa.

Recogí algunos de ellos, los pensé para joyas (creo que vivo pensando en joyas, todo lo que me rodea puede convertirse en una).

Los encontré como tesoros devueltos por el mar, esos que una vez alguien tiró  en forma de botellas o de frascos, en última instancia como desperdicios.
Y la naturaleza con su infinita sabiduría los convirtió y los hizo bellos, los hizo regalos para que alguien (como yo) se ilusionara al encontrarlos.

Estos cristales de mar representan, desde mi punto de vista, el poder de la tranformación y de trascender las etiquetas.

Hoy desde Calafell, también rodeada de mar, los hice joyas. ¡Por supuesto!

 Mujer sosteniendo con su mano el colgante de cuerda negra y cristal de mar verde-turquesa montado en plata de ley.

VER JOYAS CON CRISTAL DE MAR

 

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